Penélope (Génesis, 3 y último)

Mapa que se hizo Nabokov para leer el Ulises de JoyceTenía que haber salido hace un cuarto de hora. Si no me doy prisa, no llegaré puntual y si corro, llegaré sudada. Joder. Siempre me pasa lo mismo. No voy a coger un taxi para irme a depilar, menudo negocio, y justo esta semana han … Continuar leyendo Penélope (Génesis, 3 y último)

28 latas de cerveza (Génesis, 2)

Allí mismo, delante del mostrador y de la cajera insidiosa, Mariona empezó a pensar que se había puesto demasiada ropa. La temperatura en la sucursal bancaria era muy alta y la falta de transpiración estaba haciendo de las suyas debajo de la chaqueta de imitación a cuero. Cuando ella y sus recibos lograron alcanzar juntos … Continuar leyendo 28 latas de cerveza (Génesis, 2)

¡Mira al pajarico! (Génesis, 1)

Ermita de San Benito en Monegrillos. Foto de Fernando Glez. SeralLos que creen en los chakras aseguran que tenemos un tercer ojo en el entrecejo. Es la puerta al alma y, a la vez, a los mundos sutiles. Con la meditación, cualquiera puede ejercitarlo y llegar a otros niveles de conocimiento, de intuición e incluso … Continuar leyendo ¡Mira al pajarico! (Génesis, 1)

Después de ti

Después de otros, me persigue la urgencia de cambiar las sábanas para borrar pasiones desorganizadas; o necesito aliviar mis pezones con la crema diaria y el masaje rutinario. Después de otros, mi mundo se expande, soy dueña del aire y me paseo desnuda por el estrecho pasillo. Después de ti, me rebozo en el aroma … Continuar leyendo Después de ti

No hacen falta mentiras

No acepto cheques al portador,ni promesas firmadas en el viento.Aquí sólo valen las salivas instantáneas,los besos polaroid,los excesos brevesy la urgencia en el sexo.No pierdas el tiempo en contarmeen qué pierdes tus días,sólo me interesan las historias que puedo contary ésta no la voy a escribir.No me susurres que me vas a enseñar el camino,ni … Continuar leyendo No hacen falta mentiras

El beso de mar

Elizabeth podía volver a ahogarse. Sentía el peligro muy cerca y, sin embargo, lo deseaba tan ardientemente que el corazón se le salía del escote. Sus pechos escasamente flotaban sobre unas aguas furiosas, apretados por la chaqueta del capitán que la abrazaba con la misma fuerza con que su deseo intentaba mantenerla a flote. Y … Continuar leyendo El beso de mar