Tras la batalla




Las derrotas
subsanan infartos a base de cicatrices,
convierten pieles en lonas impermeables
y confieren al vencido una apariencia fura,
resistente y resbaladiza.
Y es sólo en el reflejo de la soledad del guerrero
donde se puede observar una belleza tan etérea
como la amargura de lo que pudo ser y no fue.

©Anabel

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