Gracias Delibes

No sé cuál nos mandaron leer primero, si “El camino” o “Las ratas”. Por entonces la obligación de leer ya no existía en mí, ya leía por divertimento, por vocación, pero te explicaban tan mal a los autores que Miguel Delibes parecía un ser recto y severo, cuadriculado. Esa sensación te quitaba las ganas de ponerte a leer sus libros. Después de leerlos te asombrabas y no podías imaginar que el Delibes del que te habían hablado fuera el mismo que había escrito un libro tan limpio y certero.
Más que recto, conforme he ido creciendo, me he dado cuenta de que Delibes era fiel a sus creencias, como cuando tuvo que renunciar a la dirección del periódico donde trabajaba en Valladolid por diferencias con el régimen franquista; fiel a su familia y a su gente y a su tierra; fiel a su forma de escribir: escribía en cuartillas de mala calidad y a lápiz, lo que ha dificultado mucho la conservación de los manuscritos de sus primeras novelas. Sencillo como la vida que llevó. Y grande como sus obras.
Delibes me ha enseñado a leer, pero, sobre todo, me ha enseñado a escribir. Me produce cierto pudor afirmar tal cosa, pero ¿qué mejor maestro puede tener quien aspira a escribir? De él he aprendido la necesidad de dominar el lenguaje, del uso correcto de los vocablos, de las frases bien hechas, de la pulcritud narrativa, de la importancia de lo pequeño y de la observación como primera herramienta de un escritor –como veis la teoría me la sé-. Era un gran observador, capacidad, además de la paciencia, que ha de tener un cazador. Tal vez en las esperas disfrutaba del paisaje castellano que lo envolvía. No se entienden las novelas de Delibes sin el paisaje y sin el análisis de la gente que lo puebla.
Yo no entiendo la narrativa española sin Delibes.
©Anabel

8 Comments

  1. He tenido un pequeño accidente (me quebré el codo) y no puedo escribir (sino con una mano y las letras se hacen infinitas). Así que te leo pero no te comento ¿vale? En un mes estaré como nuevo….Beso y abrazo. druida

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  2. Me ha encantado esta reseña, Anabel. Sí que es cierto que cuidas la construcción y el uso de las palabras. Y se nota que disfrutas escribiendo.En mi caso no es disfrutar, yo soy más inconstante. Lo mío nace de una necesidad psicológica de \”autoentenderme\”.Ando con tus \”Historias de sujetadores\” arriba y abajo.Besos y hasta un jueves

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  3. Ser agradecido con los maestros, es dar sentido a lo aprendido. Incluso con los maestros desconocidos que no han escrito libros, hay que mostrarse agradecido. Ellos introdujeron a todos esos escritores tan serios en nuestras cabezas. Y aunque a alguno disguste el recordar aquello de: \”la letra con sangre entra\”, cierto es que muchas cosas con sangre empiezan. Como la buena cópula, la letra, no podía empezar de otra manera, y lo que en un principio asusta, luego se ajusta, y finalmente gusta. Y qué otro lugar, de no ser en la literatura, puedes yacer con tus maestros y salir del trance, impoluta.Bueno, recordemos que el tiempo y el modo, son narrativos (Abre Este)Así que gracias Anabel, por ser mi profesora también.

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