Juventud no vivida

Me hubiera gustado que me enseñaras,
haber aprendido contigo el efecto de lo bello,
para convencerme de que fuiste una experiencia provechosa,
para poder dar sentido al tiempo invertido.
De aquellos lodos, tan solo quedan
cien fotos desechables,
un millón de lágrimas secas,
la amargura de lo mediocre,
el sentimiento de lo perdido
y toda la culpa de la cobardía.
Me rescata pensar
que tengo el corazón intacto,
mucho mundo por descubrir,
las manos enteramente blancas
y el ímpetu inmarchitable de la juventud no vivida.
© Anabel

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