50

Me quedo con los abriles casi marchitos

y el tacto incisivo de la experiencia concentrada

en pétalos granates, silencios azules y

el perfume limpio de la madera vieja.

Canas con reminiscencias setenteras

que echan de menos greñas protestantes,

colchones usados y sudores traslúcidos,

humos densos y licores baratos,

desde el cómodo sillón que proporciona el gin-tonic

y la distancia de saber que se fue joven antes que los hijos.

Apoyado en el respaldo de haber fracasado,

abrigado bajo la escasa manta del buen sabor de boca

de las pocas cosas que valen la pena en esta vida.

Soñar con los mismos sueños de juventud

sin anhelar realizarlos, pero sin rechazar disfrutarlos,

que la esperanza no se pierde nunca

aunque ya no se crea en ella.

50 primaveras

no son 18,

ni falta que hace.

© Anabel

8 comentarios sobre “50

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